EL MISTERIO DE ORIÓN, LA CONSTELACIÓN DEL CAZADOR

Para los antiguos egipcios a la Constelación de Orión se la conocía como “Sah”, “el de la larga zancada”, posteriormente pasó a conocerse como la Constelación del Cazador, un conjunto estelar de gran importancia en el cielo de Egipto, sobre la época que nos ocupa en la Era de Leo, hace unos diez mil quinientos años aproximadamente.
La correspondencia Cielo-Tierra del Cinturón de Orión, compuesto por las estrellas de nombre Alnitak, Alnilam y Mintaka con las Pirámides de Gizah es evidente y ha sido corroborada por la gran mayoría de los investigadores que han indagado en este tema.


Es pues Orión para el hombre algo que constantemente llama su atención, haciendo que reiteradamente mire hacia su Cinturón, como si esperase una respuesta. Actualmente es la astroarqueología, la que se encarga de dar estudiar y dar explicación a la multitud de monumentos que se han construido a lo largo y ancho de nuestro planeta en perfecta correlación con Constelaciones del Cielo. La astroarqueología está abriendo puertas a inquietudes propias de nuestros ancestros que podrían dar respuesta a muchas de las situaciones que el hombre vive en la actualidad, pues como todo, nuestra conciencia, visto desde la física quántica, es vibración que se mueve en diferentes frecuencias y que asciende o desciende de acuerdo a su capacidad de sintonizarse con la energía universal que es su fuente. No podemos desestimar que el akáshico representa el gran cúmulo experiencial de la conciencia y como tal ejerce un notorio condicionamiento en la creación de nuestro futuro, pues siempre el futuro es una causa-efecto de nuestro pasado, sin el pasado no seríamos quienes somos, este sería el claro sentido del tiempo, una medida que tiende a desaparecer conforme el alma habita con más presencia en el espacio. De ahí que se sepa que desde un plano de conciencia superior la línea de tiempo queda modificada y tiende a desaparecer.

¿Pero por qué Orión era tan importante para nuestros ancestros?

Orión parece tener una relación directa con el supuesto origen de la raza humana, pues de acuerdo a las traducciones de las tablillas de la antigua Sumeria, ahí se habla de que unas entidades procedentes de un supuesto planeta denominado Nibiru, son el motivo y la razón de lo que ha sucedido durante milenios en nuestro planeta tierra. Existen muchas teorías sobre estos seres conocidos como Annunakis en infinidad de textos, que si a alguien le interesa profundizar en ellos, puede encontrar información en la red sin problema. Nosotros no nos vamos a detener en este tema, pero sí es necesario mencionarlo, para ponernos en situación. Añadir que estos seres de Nibiru procedían de la Constelación de Orión, siendo quienes se rebelaron contra el orden establecido y ocuparon este planeta con el supuesto objetivo de “emanciparse” de su origen estelar y fundar un nuevo orden que estaba relacionado con la ocupación de nuestro planeta tierra. Según estas traducciones, fue el dios Marduk de Nibiru quien en su deseo de conseguir oro, un elemento vital para la atmósfera de su planeta, decidió acudir a la tierra y explotar con esclavos las minas de oro que se llevaría de vuelta a su planeta. Esos esclavos no eran otros que los hombres, seres de fácil dominación para un poderoso dios como él. De este mito surge la idea de que el estado actual de esclavitud del hombre sobre un poder superior, gobernado por las familias más poderosas del planeta, mantienen a toda la raza humana sometida a sus objetivos. Es obvio que si esta leyenda había tenido un peso específico suficiente en la cultura sumeria, era muy probable que sentir el regreso a Orión, supusiera una liberación de la esclavitud a la que la conciencia estaba sometida. De hecho podemos asegurar que en tiempos remotos, existía una gran influencia de las posiciones estelares del cielo, con respecto a la tierra y que el hecho de que los observadores astronómicos vieran coincidir en el espacio tiempo a unas estrellas o constelaciones en concreto, les representaba una gran oportunidad procedente de esos orígenes cósmicos, pues para ellos no existía la casualidad, sino la sincronicidad y aprovechando la sincronicidad entre el cielo y la tierra, construían espectaculares monumentos dedicados a esos dioses, como símbolo de bienvenida a la tierra, por ello tenían que ser lugares dignos de tales presencias.

¿Pero por qué el Cielo en la Tierra?

Hablar de la encarnación del Cielo en la Tierra, es hablar de un propósito atemporal del inconsciente colectivo. Si miramos atrás, todas las civilizaciones que nos preceden hablan de este término, y dando una mirada a la actualidad, podemos observar como somos muchos a los que nos continúa inquietando este propósito. A lo largo de la historia, hemos visto como los grandes investigadores de los movimientos celestiales y de sus correspondencias en la tierra, han ido descubriendo monumentos que tienen correlación con constelaciones, el más relevante de todos es el que se refiere al Cinturón de Orión, que como puede verse en la imagen inferior, aparece plasmado en nuestro planeta en tres puntos equidistantes y por civilizaciones diferentes, que nunca se conocieron.


Tanto la tradición del origen del hombre en la Antigua China, como los Mayas y los Antiguos Egipcios, hablaban de que el hombre era originario de esta constelación y que fue Orión quien encarnado en la tierra con el nombre de Osiris para los Egipcios, representaba el origen espiritual de nuestra consciencia, siendo Isis, de procedencia Siria, el estandarte de la madre divina.
No podemos negar que a tiempo presente, todavía sigue persistiendo la influencia de todas estas culturas y que el hombre, en su evolución, es un pletórico cúmulo de escenificaciones entre los poderes del cielo y los de la tierra, siendo ello un motor para su cultura espiritual, que vive y se nutre de millares de manifestaciones que no pertenecen a este plano de conciencia. Es como si el cielo jamás pudiera desvincularse de la tierra para ningún hombre. Esta conexión existe hasta en aquellos hombres que dicen no creer en nada o ser ateos, pues si hacemos un ejercicio de absoluta transparencia con nosotros mismos, obtendremos la respuesta clara de que ello no es posible, no existe ningún hombre que no tenga creencias, pues estas son básicas y esenciales para que la vida tenga algún sentido. No importa el origen de estas creencias, ni aquello que sostienen vivo, lo que importa para la persona, es que ocupan un lugar y tienen forma en su mente, y que es obvio que ante una experiencia impactante para el alma, esta responde desde el silencio de la mente y abre el corazón para recibir el sentimiento que lo une a lo superior, es por ahí por donde se filtra el amor, es entonces cuando la creencia pasa a segundo término y se prioriza el sentimiento, ya no se trata de creer en algo, sino de saber que existe algo, por propia vivencia. Así el más ateo admite sus sentimientos y vive la experiencia transpersonal y así su mente, eleva sus pensamientos y conquista una nueva creencia que le ayuda a sobreexistir en un mundo lleno de controversias.
Si Orión es para el hombre una puerta de regreso al origen de su conciencia, es porque el vínculo con su génesis permanece vivo en algún recóndito lugar de sus células. Esa memoria akáshica es imborrable y por lo tanto se hace visible, tan pronto el hombre está preparado para alinearse con su Ser, en esa alineación permanece viva la esencia, la única huella que le dará garantías de su paso por la tierra.
Para que se comprenda mejor este dinamismo entre cielo y tierra y tierra y cielo, tenemos que saber priorizar los atributos que el hombre le ha dado a lo divino, y tener en cuenta que cada atributo otorgado está relacionado con su nivel de conciencia, es decir con su edad de alma, cultura, raza y circunstancias. No podemos en este punto desligar la evolución de la conciencia de las diferentes Razas Raíz, que muy bien se explican en teosofía, estas Razas Raíz son procesos experimentales que la conciencia colectiva experimenta durante su camino y que representan el exponente de su paso por una línea de tiempo concreta y precisa. Así tenemos la Raza Raíz Atlante, por ejemplo, que caminó por una línea de tiempo anterior a la nuestra, que aún hoy permanece vinculada a nuestra Raza Raíz, la Aria, que está finalizando su tiempo experiencial, para permitir que aparezca la siguiente Raza Raíz, a quien los Mayas denominaron Koradi, la Raza antecesora a la Raza Única o Raza Multidimensional, para la que todavía queda mucho, es mejor centrarnos en el presente y desde las características de este presente, hacer un intento para comprender que los procesos de la conciencia tienen un “para qué”, cuya respuesta tenemos que buscar en cada uno de nosotros.
Es muy posible que ese “para qué” no se responda en breve, es muy posible que ese “para qué” incluso no tenga una respuesta tangible y que represente un exponente del cielo que todavía no ha encarnado en la tierra, debido a la imposibilidad vibracional que este planeta le brinda a las entidades celestes.
La frecuencia de vibración de la conciencia colectiva, se ha elevado visiblemente en su masa crítica, pero no podemos decir que esté asentada y consolidada como un todo tangible, sino que está cruzando por un proceso de maduración que es demasiado reciente como para sentirlo fuerte y poderoso. La gran polarización de la conciencia colectiva se ha producido, siendo muy pocas las entidades que han quedado entre ambos polos, indecisos, sin consciencia clara de si están por el proceso de abanderamiento y cambio, o bien están por alinearse con lo conocido e inmóvil. Estos procesos experienciales son propios del camino y han sucedido en infinidad de ocasiones, en realidad no es nada nuevo para el hombre. Es habitual que las almas con edades más jóvenes ejerzan claras resistencias a los procesos de cambio y resolución evolutiva y que sean las almas con edades más experimentadas las que se posicionen en los procesos de transformación, con claros objetivos de abandonar lo conocido e ir en busca de lo desconocido, tal como lo haría el Arcano de El Loco en el Tarot. La consciencia de dios está ampliada y algorítmicamente se han desencadenado claramente los ritmos que llevan a la consciencia a habitar más allá de toda polaridad, los procesos de despolarización comienzan a ser claros y tangibles, así cada individuo cierra sus vínculos con la Raza Raíz Aria y los abre a la siguiente Raza, la Koradi, quien filtra sus más puras características, que no son otras que las de habitar más allá de la dualidad universal, despidiéndose de cualquier percepción dual que lo siga sujetando al plano material. La conciencia de esta Raza habita, crece, y se desarrolla desde otro plano y es desde ahí desde donde se sabe integrado con su origen, desaparece toda separación entre cielo y tierra y se inicia una línea de tiempo que vibracionalmente no cruza por la 3ª Dimensión sino que ya lo hace por la 4ª para consolidarse en la 5ª.



Joanna Escuder
11/01/2018
Artículo de la 3ª Parte del Misterio de la Doble Esfinge
del trabajo de investigación: PROYECTO ESFINGE




LAS ERAS PLANETARIAS

Las Eras Planetarias

Antes de adentrarnos de pleno en el Proyecto Esfinge, es necesario que conozcamos la teoría que da lugar a que este trabajo tenga sentido. También es importante decir que no existen fuentes primarias que puedan dar confirmación a lo que aquí explicaremos, y que cada uno de los textos de estas páginas son producto de un concienzudo trabajo de investigación fuera-dentro, es decir, nos hemos documentado con aportaciones e investigaciones realizadas por otras muchas personas interesadas en este tema, y también hemos realizado una introspección en los Registros Akáshicos Planetarios, para poder vislumbrar e investigar sobre ese misterio que guarda la Gran Esfinge y que se habla desde tiempos inmemoriales.
Es muy importante comprender qué significa astrológicamente la ERA DE ACUARIO, el proceso rítmico planetario en el que la Conciencia Colectiva ha penetrado desde que finalizó el Calendario Maya, el 21 de Diciembre de 2012. Es evidente que no fue el fin del mundo, pero si el fin de algo. Fue la muerte de la Era que finalizaba, en concreto la de Piscis, esa Era que a nivel experiencial de Conciencia Colectiva, ha fallecido. Todas las entidades planetarias estamos afectados por los ritmos planetarios, de tal modo que el nacimiento de una nueva Era, es un proceso de caos absoluto, pues como sabemos la muerte conlleva el desorden y la convulsión que conduce a un nuevo orden y restablecimiento. Cualquier resistencia a este proceso es signo de lucha y contrariedad ante el flujo vital universal, esto sólo conduce a enfermedad.
De igual modo que el planeta tierra tiene su año dividido en doce meses y en cuatro estaciones, lo mismo ocurre en el Año Sideral o Galáctico. Tenemos pues que existen lo que en astrología se conoce como las cuatro edades:

1ª Edad – EDAD DE ORO

La Primavera Galáctica, periodo que comprende las Eras de Acuario, Capricornio y Sagitario. Este periodo se caracteriza por el esplendor, el renacimiento, el florecimiento de lo nuevo, la unidad, la progresión, la libertad y la proyección de la conciencia en lo desconocido.

2ª Edad – EDAD DE PLATA

El Verano Galáctico, periodo que comprende las Eras Escorpio, Libra y Virgo. Este periodo se caracteriza por la búsqueda en el entorno, por la extroversión y la introversión, el ocio y la pasividad, en contrariedad con la disciplina y el dinamismo, es una edad de grandes polaridades.

3ª Edad – EDAD DE COBRE

El Otoño Galáctico, periodo que comprende las Eras de Leo, Cáncer y Géminis. Este periodo se caracteriza por el inicio de la separación con el entorno y la necesidad de regresar al hogar, el egoísmo puede hacer profunda mella en esta época y volver irascibles a las almas que no saben gestionar su afán de poder. Un alto grado de inmadurez, unido al yoismo, provocan que el otoño se convierta en una época de luchas, guerras y batallas inacabables, por la dominación absurda y la irreflexión.

4ª Edad – EDAD DE HIERRO

El Invierno Galáctico, periodo que comprende las Eras de Tauro, Aries y Piscis. Este periodo se caracteriza por la ardua batalla entre lo exterior y lo interior, desenmascara todo ejemplo de fuerza y de poder, entre el cielo y la tierra, mientras la opresión y la guerra, cada vez se acentúa con más intensidad, convirtiéndose los dogmas en una forma de poder sobrenatural, cuando se refiere a la religión, o bien una forma de poder patriarcal, cuando se refiere a la dirección de un imperio. Es la peor de las edades galácticas, donde se pone de manifiesto toda la sombra de la Conciencia Colectiva, con el objetivo de iniciar la Edad de Oro, regenerados.


Para tener más claro el proceso de muerte y renacimiento en el que estamos viviendo actualmente, vamos a descubrir las cualidades del aprendizaje que la Conciencia Colectiva ha realizado durante la Era Pisciana, ya que comprendiendo esta Era, comprenderemos también lo que está sucediéndonos a nivel colectivo, en ese intento de penetrar en la Era que comienza de Acuario.


Era de Piscis

En el comienzo de esta Era en la que rigen los planetas Júpiter y Neptuno, se tuvo que liberar una gran energía marciana, procedente de la Era de Aries, que marcó profundas heridas en la Conciencia Colectiva, de modo que las heridas solamente podían curarse si se recuperaba la conexión con el espíritu. Ahí apareció el personaje de Jesucristo y los doce Apóstoles, una herramienta que crea la propia conciencia, como anclaje en su proceso evolutivo. Pues como Universo dual, en busca del Equilibrio, siempre disponemos de fórmulas que van a intentar aportar el centro, cuando las polaridades se manifiestan en sus extremos. Esta identidad crística, sugirió un modelo y una dirección propia de la sabia gestión de las energías, que se continuaban proyectando en un camino que buscaba recuperar el equilibrio y sanar las graves heridas. Debido a que se estaba cruzando la Edad de Hierro, como hemos visto la más complicada de todas, Neptuno tuvo que ejercer un gran poder espiritual, e imprimir un sentido de existencia en las almas que poco a poco, buscaban esa regeneración. Fue entonces cuando se abrieron las puertas de los templos, para el reencuentro con el espíritu, de ahí tanto ascetismo y anacoretismo, así como tantísima religión, cada cual con sus propias leyes y paradigmas, pero en esencia todas hablando de lo mismo. El poder del planeta Júpiter, fue el que alimentó a esas almas que no supieron conducir sus energías y se quisieron enarbolar como maestros, adoctrinando a sus súbditos, manteniendo el imperialismo ariano y el poder sobre los reinados y la materia, taurinos. El poder jupitariano fue el exponente de lo que llamamos “patriarcado” pues fue su energía quien proyectó la necesidad de protección y de poder ante una conciencia, aparentemente perdida, herida, dolida, dominada por los restos marcianos y los deseos de posesión y dominación de la Era anterior. Júpiter regente exotérico de Piscis tuvo un gran protagonismo que conjugado con Neptuno, el regente esotérico de este mismo signo, fueron los cocreaores de las experiencias evolutivas que hemos protagonizado durante este sórdido periodo que ya ha llegado a su fin.
Cabe decir que estos procesos, son exageradamente peores, debido a la inmadurez de la Conciencia Colectiva, pues está claro que en el Año Galáctico en el que entramos, esto no va a repetirse, sino todo lo contrario, vamos a poder disfrutar de ese ejercicio de sanación y bienestar que todos estamos buscando. De hecho al aguador acuariano nos va a abrir las puertas a la Edad de Oro y pese a que no va a ser fácil deshacerse de tanto programa dogmático, del patriarcado y de las heridas residuales, vamos a vivir todos, el esplendor desarrollado por la Gran Alma Planetaria, a quien conocemos como Logos Planetario.

Era de Acuario

Estamos justo en el inicio de este proceso y por lo tanto, la Conciencia Colectiva no es más que un bebé que balbucea, que precisa de amparo y que se siente frágil ante la vida que se le presenta. El bebé, en cambio es sabio, más fuerte de lo que cree y sobre todo, poderoso de espíritu. Su alma ya sabe que abandona el peor de los periodos del Año Sideral y en el fondo de su corazón presiente que todo va a ser diferente. Intuye que hasta que no tenga más edad no va a sentirse liberado de las ataduras del pasado, pues aún muchas fuerzas ejercen poder sobre su frágil conciencia, pero ahora posee la fuerza y la certeza en el restablecimiento de su conexión con el origen, con su esencia y con su espíritu. Así puede enfrentarse con sentimientos de éxito a la Nueva Era, la que le depara la oportunidad de liberar toda su sombra, salir de la oscuridad del Invierno Sideral y resurgir como quien en verdad es.
Durante los primeros cien años de la Era, el bebé se encargará de desprogramarse de todos los dogmas de la Era anterior, la que ya está muerta y no puede continuar perturbando la Primavera que comienza, es una ley, es un ritmo evolutivo que marca el propio Universo. Cada lucha, será indefectiblemente una guerra perdida.

Curiosamente cada vez que se inicia una Era, sucede algo increíble, los siete planetas personales, la Luna, el Sol, Mercurio, Venus, Marte, Júpiter y Saturno, se alinean con la tierra, en el signo correspondiente a la Era que comienza, como si quisieran generar una línea o canal que los uniera a todos, antes de que se vuelvan a separar para continuar en el siguiente proceso cósmico, esperando volver a encontrarse al finalizar el año. Periodo que durará unos 25.920 años terrestres, aproximadamente.


La Era de Acuario vs la Era de Leo, su opuesto

Como hemos visto el Año Galáctico comienza y acaba en el signo de Acuario. Es básico tener en cuenta que el signo opuesto es el de Leo. Aquí tenemos una paridad que va a provocar un enfoque en la conciencia, fundamental, a nivel evolutivo, pues mientras la fuerza acuariana va a representar el impulso constructivo del futuro y va a definir una serie de experiencias propias de estas energías, la fuerza leonina, va a representar el akáshico, va a constituir el hándicap de ese futuro, es decir, si esas energías propias de Leo se canalizan correctamente, va a formar tal riqueza de unidad ambos signos, que van a erigirse como los arquitectos de una Conciencia Colectiva, progresiva, profundamente humanizada, abierta, expansiva, multidimensional, diversa, única, en plena consciencia de su sabiduría. Por el contrario, si la gestión de las fuerzas leoninas akáshicas, no se canalizan adecuadamente, el separatismo ante lo que es diferente a uno, el yoismo, la necesidad de dominación sobre el otro, el que está en inferioridad de condiciones, sean esas condiciones de la índole que sean, van a crear una gran merma en el avance de la Conciencia Colectiva, pues Acuario no va a poder expresarse con la libertad que es propia de su energía, sin tapujos, juicios, dogmas, programas, etc… que la condicionen. Ahí es necesario ese intenso trabajo interno con uno mismo para que eso no suceda y la Conciencia Colectiva sea un reflejo resonante del ritmo cósmico.

No nos olvidemos nunca de que cualquier proceso transformador, conlleva su tiempo de restablecimiento y que todo lo que sucede durante ese proceso es lógico y necesario, sobre todo para que cada individualidad elija desde su propio libre albedrío, donde se posiciona su energía, con la suficiente masa crítica como para que la posición contraria, no ejerza de condicionamiento a su avance. Esta es una prueba de fuego para las almas y para mostrarse a sí mismas su capacidad y su sabiduría.

Las desprogramación de patrones obsoletos y la descodificación de algoritmos inertes, es básica para definir el proceso de muerte y renacimiento. Es por este motivo que multitud de terapeutas, actualmente, están desarrollando técnicas basadas todas ellas en ayudar a que otros alcancen esta fase del proceso. La mayoría de herramientas holísticas actuales, pretenden desprogramar para poder recordar quienes somos realmente y todas ellas además quieren imprimir el impulso de avance, pues el estancamiento en la zona de confort del yoismo, propiciado por una mala gestión de las energías de Leo del pasado, no puede continuar dominando la evolución, ni la individual ni la colectiva.


Era de Virgo

¿Porque es necesario hablar en esta fase del proceso evolutivo, de la Era de Virgo? La respuesta es sencilla, Virgo en estos momentos representa un poder akáshico muy activo, en la memoria de la Conciencia Colectiva, debido a que es la Era opuesta a la de Piscis, por lo que ha ejercido hasta ahora el mismo poder que va a ejercer la Era de Leo con respecto a la de Acuario. Por este motivo, es muy importante identificar cualquier gestión inmadura de estas energías, algo que es responsabilidad del alma planetaria, de igual modo que desprograma y descodifica lo no servible del aprendizaje realizado durante la Era de Piscis, tiene que hacerlo con su memoria akáshica procedente de esta Era, una Era la de Virgo propia de una cultura que camina entre el servicio y el servilismo. Una mala relación entre las energías de Leo y Virgo, podría derivar en la disparidad entre el soberano y el esclavo. Es de suma importancia que el esclavo se libere de las cadenas del soberano y que el soberano abandone su poder esclavizador, esta evolución liberaría tal caudal de energía planetaria, que el restablecimiento del orden se recuperaría en pocas décadas. No nos olvidemos que Virgo es constante, perseverante, hacedor, pulcro, perfeccionista y que todos estos atributos entregados al Ser, no como soberano sino como parte de su propia configuración energética, convertiría el aprendizaje de esta Era, en una de las más valiosas joyas que la humanidad habremos podido conquistar durante nuestra andadura terrenal. Cuando el hacedor de Virgo sienta que ha completado dignamente su trabajo, entonces el sendero hacia el encuentro con el espíritu será una realidad para celebrar, esto daría fin a una fase evolutiva ya concluida y permitiría que la siguiente fase, la de la Era de Acuario, se asentara hasta que volvieran los días de volver a morir, para encaminarse a la Era de Capricornio, para lo que quedan nada menos que 2160 años terrestres todavía.


La Doble Esfinge en el Panorama Galáctico

  
Como podemos ver en la imagen superior, hemos insinuado donde podría ubicarse la segunda Esfinge. Esta es una mera teoría que podría dar luz a tantas suposiciones como se han hecho sobre este tema y del que hasta ahora no se ha encontrado explicación lógica alguna, aunque sí, como hemos visto, un número importante de evidencias con la suficiente trazabilidad como para tenerlas en cuenta.
El hecho de ubicar a la segunda Esfinge en la Casa 11 de Acuario, dentro del mandala astrológico, viene dado por la teoría que también avalan los investigadores Robert Bauval y Graham Hancock, de que la Esfinge podría tener más de 10.000 mil años, algo que tendría sentido, ya que situaría su construcción durante la Era de Leo, no olvidemos que la Esfinge es un cuerpo de león. Ambos investigadores en una de sus obras, El Guardián del Génesis comentan lo siguiente:
La geología actual no puede facilitarnos una datación siquiera aproximada, por lo que su construcción sólo puede basarse en la erosión de la piedra, eso nos lleva a creer que podría datarse entre 15.000 y 5.000 años a.C. Es importante añadir que existe otra ciencia que puede aportar mayor precisión dentro de una franja de apenas unas décadas, es la ciencia que se conoce como arqueoastronomía y que es valiosa si los constructores del monumento lo orientaron hacia las estrellas o hacia la salida del sol, sorprendentemente la Esfinge cumple este requisito, pues se encuentra situada exactamente sobre el eje este-oeste de la necrópolis de Gizah, mirando hacia el este, siendo un magnífico “indicador equinoccial”, ya que sus ojos contemplan la salida del sol cada primavera. No estamos hablando de una casualidad, estamos hablando de un interés notorio de sus constructores por marcar un punto exacto en el cielo de Gizah en el momento de su construcción.


Como plasman en el libro El Guardián del Génisis, los investigadores R. Bauval G. Hancock, el cielo en el año 10.500 a.C. tenía una interesante peculiaridad, respecto a dónde miraba la Esfinge, curiosamente y como ellos han podido constatar, el León situado en la meseta de Gizah observaba directamente la Constelación de Leo, su posible reflejo en el cielo.
Eso hace que nos asalte una pregunta, respecto a la localización de la supuesta segunda Esfinge, la que le daría la espalda a la primera que está observando en el cielo la Constelación del Leo. ¿Dónde miraría hoy la segunda Esfinge? ¿Buscaría señalar también la misma Constelación en el cielo actual, o miraría otra? Si fuera otra, lo razonable sería que mirara la Constelación de la Era por la que transitamos, entonces… ¿miraría hacia la Constelación de Acuario? ¿Qué punto en el cielo sería la referencia que nos daría la pista de donde encontrarla en la tierra?
Es evidente que para poder comprender todo esto, deberíamos ponernos en la mente de los constructores y astrónomos de hace más de diez mil años, pero aún haciendo ese ejercicio, nos encontramos que la precisión que ellos lograron no se ha conseguido en nuestros días con la tecnología que manejamos. ¿Cómo lo hicieron? ¿Quiénes fueron estos eruditos astrónomos, físicos, matemáticos y arquitectos que diseñaron, crearon y construyeron algo tan preciso…?

Joanna Escuder
22/12/2017
Artículo de la 2ª Parte del Misterio de la Doble Esfinge
del trabajo de investigación: PROYECTO ESFINGE

EL MISTERIO DE LA DOBLE ESFINGE


Una insistente teoría, cruza por el inconsciente colectivo, desde hace siglos. Esta teoría además de hablar sobre aquello que guarda la Esfinge bajo su cuerpo regio, nos habla también de la posibilidad, de que existiera una segunda Esfinge. De acuerdo con las tradiciones propias de la arquitectura del Antiguo Egipto, cuyo número representativo era el 2, como símbolo de la dualidad universal, podemos constatar que en la mayoría de sus escenografías, los elementos se expresaban por parejas, así podemos encontrar que es propio y normal la representación de un elemento a través de dos, en muchas ocasiones queriendo hablar del género, femenino y masculino, de como uno no puede existir sin el otro, tal como lo escenifican diariamente la luna y el sol.
Son muchas las prospecciones que se han hecho en un intento de descubrir esa probable segunda Esfinge, la femenina, en este caso. También son muchos los que dicen que la Esfinge femenina yace enterrada bajo la tierra o que incluso podría estar bajo las aguas, teorizando con esta probabilidad, debido a que el aspecto femenino del cerebro en su caos primigenio, se escenifica como un gran océano en el que todo habita sin orden ni concierto. Es importante decir que se tienen datos de que la Esfinge de Gizah fue desenterrada, que se sepa, por Amenofis IV, hijo del Faraón Tutmosis III, quien después de que el cansancio le venciera tras un agotador día de caza, se recostó a la sombra que proyectaba una gran roca que surgía de entre la arena, quedándose dormido. Según narró después, en ese sueño se le apareció la Esfinge quien le dijo:

“Mi rostro te pertenece, mi corazón también. Sufro. La carga que pesa sobre mí me hará desaparecer. Sálvame hijo mío. Si me quitas la arena que me cubre, haré de ti un Rey”.

Al despertar, no dudó en ordenar que desenterraran la Esfinge, quedando por primera vez – en aquella época, 1419 a.C. – el monumento al descubierto. Tutmosis IV, aprovechó para restaurar los daños que la escultura dejó visibles, provocando con todo ello que la Esfinge recobrara su lugar y se convirtiera en un lugar emblemático que ha llegado hasta nuestros días.

Siglos después el emperador romano, Séptimo Severo, ordenó una segunda restauración, gracias a que el sueño de Tutmosis consiguió que la Esfinge quedara visible.
En 1818 el arqueólogo Caviglia descubrió una estela de granito rosa, de casi cuatro metros de largo, que hoy se conserva entre las patas delanteras de la Esfinge y en la que se detalla el sueño de Tutmosis IV. Se sabe que el joven heredero al trono, consiguió su propósito y gobernó como faraón años después de vivir esta experiencia onírica, aunque es importante añadir que su reinado fue muy corto, dando paso a la subida al trono de Amenofis III, padre del archiconocido faraón Akhenatón.





 La Estela del Sueño, que se encuentra entre las patas delanteras de la Esfinge, dice así:

"Uno de aquellos días sucedió que el príncipe Tutmosis llegó de un viaje hacia la hora del mediodía. Tras tumbarse a la sombra de este gran dios, se sumió en un profundo sueño en el que vio cómo tomaba posesión de él en el preciso momento en que el sol alcanzaba el cénit. A continuación, vio cómo la Majestad de este noble dios hablaba a través de su propia boca del mismo modo en que un padre se dirige a su hijo, y decía: 'Mírame, obsérvame, Tutmosis, hijo mío. Soy tu padre Horemakhet-Khepri-Ra-Atum. Te daré el trono de la tierra de los vivientes y llevarás la Corona Blanca y la Corona Roja sobre el trono de Geb, el heredero. La tierra será tuya en toda su extensión, así como cuanto ilumina el ojo del Señor de Todo. Recibirás provisiones abundantes del interior de las Dos Tierras y de todos los países extranjeros, así como una vida larga en años. Mi rostro lleva fijándose en ti desde hace muchos años; mi corazón te pertenece, y tú me perteneces a mí. Fíjate: estoy destrozado y mi cuerpo está en ruinas. La arena del desierto sobre la que solía estar ahora me cubre casi por completo. He estado esperando para que puedas hacer lo que está en mi corazón, pues sé muy bien que tú eres mi hijo y protector. Acércate: estoy contigo, yo soy tu guía'. Al finalizar el discurso, este príncipe miró fijamente, pues acababa de escuchar estas palabras del Señor de Todo. Después de entender las palabras de este dios, llevó el silencio a su corazón. A continuación, exclamó: 'Venid, dirijámonos al templo de la población, donde tal vez dejen de lado las ofrendas a este dios. Nosotros le obsequiaremos con ganado y todo tipo de hortalizas, y dirigiremos nuestras oraciones a aquellos que nos precedieron...'".


Como podemos apreciar en la imagen de la Estela del Sueño, hay dos Esfinges dándose la espalda, algo que muchos arqueólogos indican como evidencia de esas sospechas que hablan de la segunda Esfinge. De hecho a pocos metros de la primera Esfinge, se han realizado prospecciones para intentar descubrir ese segundo león. Bassam el Shammaa, un investigador de origen alejandrino, lleva varios años siguiendo la pista de esa supuesta segunda Esfinge perdida, su teoría apunta a que a pocos metros al sur de la Esfinge visible, existió otra esfinge, pues él también corrobora la teoría de que en el Antiguo Egipto era normal que hubieran dos y no una. Según sus propias palabras, el investigador egipcio dice:

“En Egipto el número 2 siempre ha sido el número de la armonía, de la perfección. Frente a la corona blanca estaba la roja, frente al buitre se encontraba la cobra, frente al loto, el lirio. Además, el 2 era el número secreto de los arquitectos. Existe un papiro que relata el origen del cosmos según la tradición heliopolitana. En esta tradición el dios Atum se autocreó de la nada y engendró a dos hijos, el león Shu y la leona Tefnut. Los sacerdotes de Heliópolis nos han contado que cada uno de ellos descansaba en un lado del Universo: uno de ellos será el disco solar del amanecer, Shu, y el otro el de la puesta, Tefnut.”

Para apoyar su tesis, cuenta con innumerables pruebas procedentes de antiguos textos, datos arqueológicos, incluso una insólita fotografía tomada desde un satélite, por la NASA, en la que se aprecia un montículo de considerable envergadura, que pudiera ser parte de los restos de una Esfinge destruida, como puede apreciarse en la imagen siguiente.




Shu y Tefnut

Con el fin de comprender mejor la visión de los antiguos egipcios sobre el génesis, transcribimos lo que dice la egiptóloga Elisa Castel, extraído de la web www.egiptologia.org

Ya hemos visto que en el mito heliopolitano, SHU Y TEFNUT son la primera pareja creada por Atum (Pir., §1652-53, §1248) que, según el pasaje, son escupidos o expectorados respectivamente por el dios en "La Mansión del Fénix" en On(1), donde Atum-Jeprí hizo nacer la piedra Benben. Por lo tanto constituyen dos aspectos potenciales del dios andrógino y neutral complementarios que simbolizan la fuerza vital que anima el universo.
Representan el origen, la expresión del orden cósmico, la realidad de lo masculino y lo femenino como principio primario de acción y creación, es decir, la multiplicidad. En los Textos del Reino Medio, Shu aparece mencionado como: "La Mucosidad del Dios Primigenio", "El Aliento Impalpable del Nun" y "El Soplo de Vida", lo que remarca su directa dependencia con el creador al que en ocasiones llega a igualarse. El mismo sentir se hace patente en los "Textos de los Sarcófagos" (Fórmulas, 76, 79-80) donde podemos identificar a Shu como dios creador "Padre de los Dioses" y mediador entre Atum y el resto de las deidades, situación datable muy posiblemente en el Primer Período Intermedio. Como contrapartida, en los mismos textos (Fórmula, 80) se califica a la pareja formada por Shu y Tefnut como "Indispensables en la Vida de Atum", creándose un vínculo recíproco, donde la pareja aparece íntima e indisolublemente unida a su padre, formando una tríada creadora, de regeneración del orden y la estabilidad del cosmos, que había sido asentado por su causa.
Shu, el aire, cuya iconografía es la de un león o un hombre con una o varias plumas sobre la cabeza (en este último caso, respecto a su identificación con Onuris) es la forma de explicar el elemento activo que transforma  el caos en un comienzo de orden, gracias a él existe un lugar habitable para hombres, animales y dioses y su presencia queda materializada en el ciclo mediante las nubes que forman esqueleto. De igual modo es el responsable de que la luz necesaria para la vida tenga un lugar donde estar. Su nombre significa "El Vacío", (como el de su esposa Tefnut), aunque en el contexto de la cosmogonía también puede personificar "la vida". Su papel en el escenario heliopolitano ya ha sido explicado cuando narramos el mito. No obstante vamos a resaltar un punto: Shu era ayudado, en una variante del mito, por ocho vientos que servían de asistentes y el lugar donde había "levantado el cielo" era la ciudad de Hermópolis. Con estos ocho vientos capitaneados por Shu aparece de nuevo el número mágico, el 9, formado por el dios Shu y sus auxiliares, que podrían estar conectados con los dioses primigenios de la cosmogonía de Hermópolis y con las invocaciones que habría que hacer en favor del fallecido. En los "Textos de los Sarcófagos" (Fórmula, 154.) estos personajes estaban personificados por: dos elementos de fuego, dos serpientes, dos monstruos defensores y dos elementos auxiliares. En esta ocasión los mitos heliopolitanos, osirianos, hermopolitanos, etc., se encontrarían mezclados para dar cuerpo a la mitología. De esta manera tenemos de nuevo otro camino para expresar la multiplicidad de lo divino llegando a un concepto concreto.
Su compañera, la leona Tefnut, símbolo de la humedad y el agua, es el elemento necesario para que la creación continúe. Aparece bajo la forma de una mujer o una leona que porta un disco solar o una serpiente sobre la cabeza. Su importancia en las concepciones originales heliopolitanas no es clara. Algunos estudiosos creen ver en esta figura una divinidad no destacable, creada artificialmente por el clero tan solo para simbolizar el concepto femenino imprescindible en la creación. Sin embargo y aunque poseemos escasas referencias de su alcance durante el Reino Antiguo, parece que fue destacándose progresivamente como divinidad poderosa y su conexión con la humedad y el agua es básica para comprender la importancia de este elemento para la subsistencia de los seres vivos.
Es posible que los sacerdotes de Heliópolis crearan a Shu como concepto de vida principal y otorgaran a Tefnut el principio del mundo ordenado, asimilándola a Maat (que tradicionalmente es hija de Ra) desde finales de la Dinastía III. De cualquier modo no será hasta la recopilación de los "Textos de los Sarcófagos" (Fórmula, 80) cuando aparezca este sincretismo de una forma mucho más clara y definida.
Tefnut, solar por naturaleza, es igualmente identificada con el Ojo de Ra y la lengua de Ptah, dios creador de la cosmogonía menfita. Recordemos su protagonismo en el Mito de la Diosa Lejana. Es precisamente entonces cuando la divinidad solar la coloca sobre su frente (transformada en Ureus) pasando a ser guardiana del dios y de la realeza. Bajo este aspecto Tefnut conserva rasgos eminentemente felinos y su identificación con Maat sigue siendo efectiva, pudiendo ser debida, entre otras razones, a su carácter agresivo que la faculta para restablecer el orden que encabeza y del que por otra parte es integrante.
Algunos autores, entre los que se encuentra Pirenne, opinan que en Heliópolis el origen de la pareja tomada como unidad pudo responder a un concepto de entidad creadora, cuyo nacimiento habría que buscarlo en una remota diosa madre. Para este autor el elemento principal habría sido el femenino, mientras que el masculino sólo constituía un paredro de ella. Es decir, el culto local que sucede a esta diosa-madre, podría haber sido el de Shu y Tefnut, representados bajo el aspecto de dos leones(4), a los que se les habría superpuesto posteriormente el dios creador Atum. Este hecho que queda reflejado convenientemente en el "Libro de los Muertos" (Cap., 115) donde se nombra a la serpiente de Heliópolis y finalmente al finado, afirmando "conocer a las almas de Heliópolis: Ra, Shu y Tefnut". Por otro lado Wallis Budge, considera que la tríada más antigua es la formada por Atum, Geb y Nut, habiendo sido sustituida más tarde por la ya mencionada. Con estos someros datos podemos llegar a la conclusión de que, aun habiendo aceptado una jerarquización básica, es la que manejamos más frecuentemente, aún no podemos afirmar de forma categórica cuál fue el origen y el orden de éstos en la noche de los tiempos, antes de que aparecieran registrados en los primeros textos.

Tomando como referencia la cualidad del elemento fuego, para la entidad primigenia masculina denominada Shu y la cualidad del elemento agua, para la entidad primigenia femenina denominada Tefnut, tenemos lo que se conoce como la alianza sagrada de los elementos, pues el fuego evapora el agua y el agua apaga el fuego. Lo que representa una clara individualización de género.

Veamos una descripción de estos Elementos:

FUEGO
La percepción del Elemento Fuego se halla en esa cumbre insondable en la que el propio Espíritu desde el Todo y la Nada inicia su proceso motor, como fuerza que va a regir su evolución, en el Mundo o Mundos elegidos. Su conciencia elabora la chispa divina de creación, de modo que el Espíritu sostenga  la llama de vida, viva y ardiente durante la singladura que ha decidido experimentar. Los inicios de todo proceso requieren del Elemento Fuego y a su vez es el Elemento Fuego quien ardiendo en la dimensión del Espíritu, neutraliza toda su luz para conquistar lo más denso, alcanzando el primero a tomar contacto con la materia, solamente así garantiza que el Espíritu Creador podrá encarnar a través de su poderosa luz, la única que estuvo al principio y permanecerá hasta el final. Es el Elemento Fuego un cáliz ardiente de creación, dependiendo de la naturaleza del Espíritu Creador, así será la Esencia de la Llama que arde en el Hogar, la única que garantiza que el Hogar está vivo y es real.

AGUA
Se trata del Elemento más femenino, el que se relaciona con la vida de los sentimientos, de los sueños, de la intuición. Es también la expresión de la magia Lunar, es la representación emocional, versátil, visceral y también causal. El Elemento Agua es tangible y como tal su cualidad esencial es visible, pese a que por sí misma podría ser incognoscible, pues contiene toda expresión emocional, desde los inicios de la vida, hasta su final. Se caracteriza por su finalidad, que no es otra que la de dotar a la experiencia de sentido, de un sentido que la mente no comprende porque no es propio de ella. Así el Agua se convierte en una fuente de deseos que el Alma encarna y que va a experimentar para su crecimiento. Es el Agua el Elemento más fluido y por lo tanto el único que tiene la capacidad de perforarlo todo, siendo el tiempo su mejor aliado, quien le ofrece la posibilidad de expresarse en toda su emocionalidad, convirtiéndose el tiempo en el camino que transitará para conocer su instinto y aprenderlo a controlar. El Agua ejerce a su vez un poderoso manto en todo el Planeta, ya que la esfera se encuentra perfectamente dotada de Agua, pese a llamarse Tierra. Se cree que el apelativo de Tierra se puso debido a que es en este Elemento donde se expresa lo más denso de la materia, pero se obvió que existe una forma de expresión más rica que la propia materia y que solamente se expresa a través del Agua, se trata de los sentimientos. En realidad nuestro Planeta es emocional, es pura Alma en nuestro Sistema Solar.

Como hemos visto en estas definiciones, ambos elementos son primordiales para el inicio de toda vida, por lo que ambos están presentes en la concepción de cualquier forma material. Si tenemos en cuenta que ambos son prioritarios y a su vez ambos son inmiscibles, vemos como de esta unidad se desencadena una falta de cohesión natural. Ahora es cuando especulamos que siendo así, tenemos que en los inicios de toda vida, todo lo activo y existente es inmaduro antes de la experiencia, por lo que acertamos si decimos que ambos elementos en sus inicios siquiera se conocían a sí mismos, faltaba el proceso del camino experiencial. Para ser UNO, primero tienes que ser DOS, y cada unidad que conforma el UNO + UNO tiene que individualizarse, para expresarse y saberse, conocerse, sentirse, vivirse, e identificarse en sí. Estaríamos viendo pues una alianza de DOS que caminan para ser UNO, pero que eso no ocurrirá hasta que se haya concluido sus respectivas experiencias que los hayan conducido a la individualidad material, sólo entonces el espíritu de unidad podrá resonar con el propósito universal de trascender la DUALIDAD de nuestro Universo, es lo que se conoce como el hábitat del Ser Superior, el Ser que ha trascendido el género y que habita mucho más allá de lo femenino y lo masculino.

Basándonos en esta teoría, tenemos que ambos aspectos de género tienen que aprender a cohesionarse el uno con el otro y el otro con el uno, para garantizar la existencia del Ser Superior en el plano material de lo tangible, lo que conocemos como El Cielo en la Tierra.
Esto nos hace sospechar, todavía con más certeza de que esta intención es el primer paso al sentido de la Vida Eterna, algo que trascendiendo lo material, se concibe como conciencia universal que permanece activa y viva en otros planos y dimensiones, más allá de su cuerpo físico. Aquí es cuando viene el “conflicto” de la psique en su camino de evolución y se despliegan las infinitas posibilidades, es decir, aquí es cuando los dogmas, doctrinas y cualquier tipo de creencias, se inmiscuyen para dar sus propias perspectivas, algo que dependiendo de la madurez experiencial del individuo va a ser más o menos importante. Estas creencias desarrolladas por el inconsciente colectivo para salvaguardar la raza humana, se van modelando, expandiéndose y debilitando en ritmos claros y precisos, conforme la masa conciencial avanza. Es por este motivo, que es sumamente importante el despertar de la conciencia, para definir nuestra propia individualidad, pues solamente desde ese punto de autoconsciencia podremos trascender la dualidad original (fuego-agua) Shu y Tefnut, este sería el claro sentido de los Arcanos de Fezahram.

¿Qué ocurre si hacemos desaparecer uno de los aspectos de la dualidad? Pues claramente sucederá que jamás se alcanzará el propósito universal, por lo que nunca la humanidad podrá sentirse unida al Espíritu y la separación hará que se sienta abandonado sobre una esfera diminuta del Universo, perdiendo de este modo todo el sentido su existencia, pues desde ese sentimiento de separación, jamás puede sentirse su alma acogida por la eternidad.
¿Pero qué intereses pueden haber que quieran que el Ser Humano no trascienda el plano material? Esta es una pregunta muy difícil de contestar, de la que se desencadenan muchas teorías y que trataremos más adelante, para no perder el hilo conductor del tema que nos ocupa de la DOBLE ESFINGE.

De acuerdo con multitud de pruebas tangibles y otras tantas intangibles, hoy sabemos que la Gran Esfinge de Gizah es la Guardiana de los llamados Salones de Amenti.


El Amenti

Antes de continuar, es necesario realizar una breve pausa para aclarar algo, se trata del significado de eso que aparece en este Arcano el Hierofante y que no muchas personas conocen, a no ser que se hayan interesado por temas esotéricos relacionados con el Antiguo Egipto y sus misterios. Actualmente, en diferentes foros espirituales, se habla de Amenti en términos alejados de connotaciones pseudoreligiosas de ninguna credibilidad. Estas menciones, han sido canalizadas por grandes profesionales que han sabido recuperar la sabiduría ancestral, eliminando influencias arquetípicas que en nada se acercan a la verdad.
Pero aquí vamos a centrarnos en este trabajo al que hemos denominado Proyecto Esfinge, no nos olvidemos que la primera mención al Amenti que aparece, viene de manos de este Arcano nº5, El Hierofante.

Es en el Amenti donde permanece la mirada de soslayo con los pretéritos mandatos, que en secuencias perfectas, se emanaron por medio de entidades que prestaron todo su saber a esta experiencia terrenal. No siempre la sabiduría viene dada per sé desde conciencias algorítmicas de escenarios dimensionales más elevados, en muchas ocasiones son esos vacíos experienciales, los que provocan que se definan planes, para que puedan ser experimentados por aquellos Espíritus Creadores que tengan a bien dispensar su Akáshicos una vez se haya finalizado una vida del Logos Solar, o dicho de otro modo, una vuelta completa de la vía láctea, con respecto al Sol Central del Universo. El Amenti es pues el Hogar de los Maestros, de todas las entidades que perfectamente sintonizadas por “familias” se han unido para salvaguardar el plan universal con respecto a nuestro planeta. Están directamente unidos a la Mesa de Ancianos del Consejo Intergaláctico de Alcione y tradicionalmente han sido Thot y Seshat quienes se han encargado de dar consciencia y voz a este espacio interdimensional, que siempre ha sido cuestionado por la ciencia, por no existir pruebas suficientes de su existencia en la tercera dimensión, obviando la cantidad de pruebas de personas que sospechan que la Gran Esfinge guarde algo entre sus patas delanteras.
El Amenti fue en sus inicios, interpretado como el inframundo, debido a su calidad de oculto y misterioso, ya que se protegió de la mirada frontal, algo que solamente podía ocurrir cuando la entidad estuviera preparada para afrontar tal conocimiento. Hasta la fecha el Amenti, solamente era desvelado a estas entidades, de forma individual y en un proceso muy particular y propio. Muy pocos eran los que habían pasado por Amenti y después lo habían compartido con el resto, pues en su interior mantenían viva la necesidad del silencio y del descubrimiento personal. Si esto siempre ha sido así ¿por qué ahora se desvela públicamente…? La respuesta es clara, porque ahora la conciencia colectiva humana está preparada para saber del Amenti. El grado de madurez es de suficiente perspectiva quántica como para que se conozca y de forma voluntaria se pueda solicitar acceso.

*Nota: Recomendamos el Palacio de Cristal de Tom Kenyon como herramienta para abrir los Salones del Amenti de forma voluntaria y consciente.

La siguiente pregunta sería ¿por qué debería abrir la puerta a los Salones de Amenti? Simplemente porque sientas que así es, que es el momento de entrar y que sea lo que sea que allí exista, sabes que hoy puedes confiar en los planes que los Maestros trazaron para nosotros.
Si es el Arcano del Hierofante, quien nos habla de Amenti, es porque nadie mejor que él sabe de su existencia y del valor de este espacio creado desde la sabiduría universal con todo el amor que es capaz de brindar un Maestro, pero no nos olvidemos que cuando lleguemos al Arcano nº13 de la Muerte, veremos más sobre el Amenti.

Siguiendo con el desgrane del misterio de la Doble Esfinge, es sumamente interesante destacar el siguiente fragmento del artículo del Historiador, Egiptólogo y Escritor Nacho Ares sobre este tema, en su artículo titulado: La Esfinge, el león perdido de Gizeh y que está publicado en su página web: www.nachoares.com

Gizeh: un plano del Inframundo
A medida que nos alejamos de la Esfinge no es difícil descubrir que todo el sector monumental de Gizeh gira en torno a esta figura leonina. Incluso la ubicación de cada una de las pirámides y del propio león de piedra puede deberse a un macroproyecto religioso urdido por los sacerdotes egipcios, quizás en época prefaraónica, para el que de forma ineludible necesitaban dos esfinges.

El Libro del Amduat describe el itinerario del disco solar cuando se pierde en el horizonte occidental en las últimas horas del día. Son las doce horas de la noche, cada una de las cuales se correspondía con una de las doce partes en las que se divide para los antiguos egipcios el Más Allá, el Amduat. Al contrario de los antiguos repertorios de fórmulas como los Textos de las Pirámides, los Textos de los Sarcófagos o incluso el coetáneo Libro de los Muertos, el Libro del Amduat muestra una unidad argumental desde el principio hasta el final. No son fórmulas inconexas a modo de recetas destinadas a situaciones más o menos previsibles sin ninguna continuidad espacial ni temporal, tal y como presentan los antiguos textos religiosos. Además, en el caso del Amduat la geografía y la toponimia de estos lugares aparece descrita con todo lujo de detalles. Cada una de sus doce horas o regiones tenía un gobernador, una población, sus ríos, sus montañas, sus leyes o sus emblemas.
Pues bien. La Quinta Hora del Libro del Amduat describe el reino de Sokaris, una divinidad con cabeza de halcón, dios de las necrópolis y cuyo nombre ha dado lugar a lo que hoy es la región de Sakkara, al sur de Gizeh. El momento más significativo de esta hora es la representación de los dos leones Aker frente a la colina primigenia del Nun, el no ser, del que devino la creación del mundo. Esta colina primigenia no es más que una forma piramidal rematada por una cabeza y por un escarabajo que representa al Sol. Sobre el conjunto existe una especie de colina en la que reposan dos pájaros, Isis y su hermana Nephtys. Según afirmó en 1947 el arqueólogo egipcio Selim Hassan, dentro de su publicación sobre la Esfinge, esta Quinta Hora del Amduat puede verse en la propia meseta de Gizeh.

Si Hassan está en lo cierto, y no hay nada que nos pueda llevar a pensar lo contrario, la meseta de Gizeh sería entonces una recreación gigante de una especie de reino de Sokaris. En él la Esfinge desempeñaría el papel del propio dios león Aker, en el sentido de ser el protector de la necrópolis y la Gran Pirámide sería la colina primigenia. Este detalle que siempre se ha sospechado, encontraría en el hallazgo de Hassan una explicación racional. Cabría preguntarse que si realmente la Esfinge que todos conocemos es el guardián oriental de la necrópolis, del mismo modo, si de verdad es una representación de Aker, entonces debería haber otra Esfinge en el sector occidental de Gizeh, completando así la divina pareja de leones Aker. No hay razón para pensar lo contrario. En el sector oeste de la meseta de Gizeh hoy se levanta el escenario construido para representar la ópera de Verdi, Aída. Un poco más al sur está la planicie desde la cual los turistas hacen sus fotografías de la meseta con las tres pirámides juntas. Posiblemente entre estos dos lugares o no muy lejos de allí se encuentre la otra Esfinge de Gizeh.
Existe una prueba documental al respecto. La Estela del Sueño de Tutmosis IV (1400 a. C.), ubicada entre las patas de la Esfinge, muestra en la representación de la luneta superior una imagen del dios Aker, en este caso formado por dos esfinges como la de Gizeh. ¿Está haciendo alusión simplemente a la divinidad Aker o es que realmente existe en el otro extremo de la meseta un “león del mañana” en contraposición al “león del ayer”, la Esfinge oriental?

También existe otra posibilidad. Bassam El Shammaa, investigador alejandrino especializado en egiptología, está convencido de que la Segunda Esfinge se encuentra todavía bajo la arena del desierto. 

Es curioso descubrir la analogía existente entre este supuesto escenario llamado el Reino de Sokaris, con la rueda de los doce signos astrológicos, coincidiendo además que la Quinta Casa, pertenece al Signo de Leo, quien representa el Sol, esa consciencia universal con la que todos nosotros nacemos al encarnar. Cabe añadir en este punto que la Casa opuesta a Leo, como hemos visto en el artículo anterior sobre el Año Galáctico, es justamente la Casa 11, la del Signo de Acuario, la de la Era que estamos iniciando. Si el León Aker (Leo) está custodiando una necrópolis, ¿será porque este Valle de Gizah representa el lugar sagrado del planeta en el que se escenifica la verdad sobre la vida eterna de las almas? ¿Será por este motivo por el que el León Aker custodia el lugar de descanso de todas las almas, con la intención de que esta realidad no sea ocultada jamás a la Conciencia Colectiva de la Raza Humana y Planetaria?

El León del Ayer y el León del Mañana

Después de sopesar toda esta información, me asalta la pregunta de si el León del Ayer, el representado por la Gran Esfinge de Gizah, es la prueba tangible y constatable de esa alianza sagrada que garantiza la alquimia de la conciencia humana, en la unidad que representa la dualidad primigenia del fuego y el agua. ¿Será posible que al penetrar en la Era de Acuario, el León del Mañana, representado por la Esfinge Perdida, se desvele a los ojos de la humanidad, corroborando así el trabajo que presumiblemente hicieron los Maestros Hierofantes en la Era de Leo, como garantía de la Vida Eterna?
Es importante decir que el significado de “hierofante” es EL QUE HACE APARECER LO SAGRADO, algo que claramente está señalando hacia esta probabilidad. ¿Será ahí, hacia donde señala la flecha de la Constelación del Cazador? Esta respuesta la daremos en otro artículo que desarrollaremos más adelante, en un contexto relacionado con el Misterio de Orión, la Constelación del Cazador.

Joanna Escuder
24 de Noviembre de 2017
Extracto del libro PROYECTO ESFINGE - Los Arcanos de Fezahram